Cuando el barro se deja moldear
- Yaritza Barreto

- 29 jul
- 2 min de lectura
Actualizado: hace 5 días

Galería II
En las manos del Alfarero
"Pero ahora, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero; todos somos obra de tus manos."
Isaías 64:8
Hasta ahora hemos contemplado al Gran Artista frente a su lienzo. Hemos descubierto que cada pincelada tiene un propósito, que su gracia transforma nuestros errores, que las capas invisibles también forman parte de la obra y que el cuadro aún no está terminado.
Ahora el Gran Artista nos invita a entrar en otro taller.
Uno donde no hay lienzos ni pinceles.
Aquí hay barro.
Hay agua.
Hay una rueda que gira lentamente.
Y, sobre todo, hay unas manos expertas que nunca dejan de moldear.
Bienvenido al taller del Alfarero.
Día 5
Cuando el barro se deja moldear
Versículo clave
"La palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras."
Jeremías 18:1-6
Jeremías recibió una instrucción muy particular: debía ir a la casa del alfarero.
No fue al palacio.
No fue al templo.
Fue a un taller sencillo donde un hombre trabajaba el barro con sus manos.
Mientras observaba, el profeta vio cómo la vasija que el alfarero estaba formando se deformó. Cualquiera habría pensado que el trabajo había fracasado.
Pero el alfarero no arrojó el barro.
Con paciencia lo tomó nuevamente entre sus manos y comenzó a darle otra forma.
Entonces Dios habló.
Aquella escena no trataba solamente de una vasija.
Trataba de nosotros.
Muchas veces queremos que Dios transforme nuestra vida sin permitirle tocar aquellas áreas que más necesitan ser cambiadas.
Deseamos el resultado, pero resistimos el proceso.
Sin embargo, el barro no discute con el alfarero.
No le indica dónde presionar ni cuánto tiempo debe permanecer sobre la rueda.
Simplemente se deja moldear.
Eso no significa que el proceso sea fácil.
Las manos del Alfarero presionan, corrigen, suavizan y vuelven a empezar cuando es necesario. Pero cada movimiento tiene un propósito: formar una vasija capaz de reflejar la belleza de quien la creó.
Quizá hoy Dios está trabajando una actitud, una herida, un temor o una decisión que todavía no comprendes.
En lugar de resistir sus manos, ¿qué pasaría si confiaras en ellas?
El Alfarero nunca deja de amar el barro que sostiene.
Y porque te ama, no se conformará con dejarte como estás.
Para reflexionar
¿Hay alguna área de tu vida donde sientes que Dios está ejerciendo presión para transformarte?
¿Cómo puedes responder hoy con un corazón dispuesto a dejarte moldear por Él?
Oremos
Señor, gracias porque nunca trabajas con dureza, sino con amor y sabiduría. Hoy quiero poner mi vida en tus manos. Moldea mi carácter, transforma mis pensamientos y forma en mí todo aquello que refleje a Cristo. Aunque a veces el proceso sea incómodo, ayúdame a confiar en que tus manos siempre buscan mi bien. En el nombre de Jesús. Amén.
El Taller del Alfarero 🏺
Si tienes un poco de barro o plastilina, tómalo entre tus manos e intenta formar una pequeña vasija.
Mientras lo haces, piensa en esto:
El barro no conoce el propósito final mientras está siendo moldeado.
Pero el Alfarero sí.
Recuerda durante el resto del día:
Las manos que te moldean son las mismas manos que te aman.





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